Llegó esa época del año en la que los amantes de los sneakers hacemos bilis, abrimos Instagram y empezamos a discutir con una pantalla como si de verdad pudiéramos cambiar el resultado. Ya es tradición: Complex publica su top de los mejores sneakers del año y nosotros terminamos histéricos.
Solo que esta vez hay algo distinto. Más que polémico, el ranking es oficialmente un chiste de mal gusto.
Ocho de los diez pares elegidos son Nike y, para rematar, el número uno es un Air Force 1. Sí, un Air Force 1 x Nigo. Aparte de que no me gusta, no tengo nada contra la silueta, pero cuesta trabajo tomarse en serio una lista que pretende resumir lo mejor de un año entero cuando una sola marca ocupa prácticamente todo el podio. La pregunta entonces se vuelve inevitable: ¿cuántos de ustedes realmente compraron o siquiera quisieron comprar esos pares?
Porque una cosa es que un sneaker tenga historia, otra que tenga hype y otra muy diferente es que haya sido realmente relevante para la gente que consume sneakers.
Cuando el ranking empieza a parecer publicidad
Aquí es donde creo que hay que dejar de fingir que estos rankings existen en una burbuja editorial. Complex tiene una relación comercial enorme con las mismas marcas que aparecen constantemente en su contenido, y eso no demuestra por sí mismo que una lista esté comprada. Sería irresponsable afirmarlo. Pero tampoco deberíamos comportarnos como si esas relaciones no existieran y como si no fuera válido cuestionar cuánto influyen en la manera en la que se construye el discurso alrededor de lo que supuestamente importa.
Nike sigue siendo una marca gigantesca, pero también es una marca que lleva varios años intentando recuperar el terreno cultural que alguna vez tuvo asegurado. Su problema no es que haya dejado de existir, sino que dejó de sentirse inevitable. Hay más competencia, más propuestas y más marcas intentando hacer algo distinto, mientras el Swoosh parece seguir recurriendo constantemente a fórmulas que ya conocemos.
Y aun así, cuando llega el momento de elegir los mejores sneakers del año, Nike aparece una y otra vez como si el mercado siguiera viviendo en 2016.
¿Dónde quedó lo nuevo?
Mientras Complex dedica buena parte de su lista a Nike, el resto del sneaker game lleva años intentando demostrar que hay vida fuera del Swoosh. New Balance, ASICS, Saucony, Salomon, incluso Adidas están experimentando con nuevas siluetas, nuevas colaboraciones y nuevas maneras de relacionarse con el consumidor.
El ejemplo puntual para mí debe ser New Balance, que durante los últimos años ha dejado de vivir únicamente de sus clásicos para apostar por siluetas nuevas como la 1890 o los signature shoes de Action Bronson y Kith, que demostraron que todavía existe espacio para construir historias nuevas alrededor de un sneaker y descubrir qué sigue, en lugar de repetir lo que ya funcionó.
Dejemos de tomarnos estos tops tan en serio
No necesitamos cancelar a Complex ni hacer una cruzada contra Nike para darnos cuenta de que estos rankings son, al final del día, una opinión.
Una opinión con influencia, sí. Una opinión publicada por uno de los medios más importantes de la cultura sneaker, también. Pero sigue siendo una opinión, no una verdad absoluta.
Y quizá por eso el top de Complex ya no me provoca coraje. Me da risa.
Porque si tú eres de esos que todavía cree que un buen año para los sneakers depende de cuántos Jordan se vendieron, cuántas veces apareció Nike en un ranking o cuánto dinero hizo un par en la reventa, déjame decirte que probablemente no estás viendo todo lo que está pasando. Estás viendo una versión del sneaker game que ya extraña demasiado sus “mejores tiempos”.
El sneaker game no está muerto. Está más vivo que nunca. Lo que está muerto es la idea de que solo existe una manera de jugarlo.