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El streetwear no tiene que salvar al mundo, pero sí alzar la voz

La moda urbana puede ir más allá de la estética: identidad, protesta y responsabilidad social se encuentran en marcas que deciden alzar la voz.

¿Qué sentido tiene vender rebeldía, identidad y autenticidad si, cuando el mundo se está cayendo a pedazos, decides actuar como si nada estuviera pasando? La pregunta es incómoda porque toca una contradicción que atraviesa buena parte de la moda y el streetwear: esperamos que las marcas tengan una voz propia, pero ¿qué pasa cuando esa voz podría servir para algo más que vender la siguiente colección?

Esta idea me surgió recientemente tras escuchar dos posturas que vienen de dos lugares "distintos". Durante un concierto de Metallica en Las Vegas, James Hetfield dijo que la banda no estaba ahí para influir políticamente en su público, sino para compartir música y ayudarlo a desconectarse de los problemas externos. Como fan de la banda, me decepcionó bastante. Pero, afortunadamente, días después, en el Festival Internacional de Cine de Morelia, el gran Guillermo del Toro respaldó a jóvenes que denunciaban la crisis del agua en Guadalajara y defendió que los espacios culturales también son lugares para protestar: "Si no es aquí, ¿dónde?".

Guillermo del Toro. Foto de la WEb.

 

La ropa también tiene algo que decir

Esta frase resonó mucho en mí, tanto que me hizo recordar la importancia de la moda en todo esto. El streetwear nació de comunidades, escenas musicales y expresiones culturales que encontraron en la ropa una manera de construir identidad. El hip hop, el skate y distintas culturas juveniles no solo aportaron prendas y siluetas; también crearon códigos, formas de pertenencia y maneras de responder a su entorno. Por eso me cuesta imaginar que la moda es únicamente estética y que cualquier mensaje que vaya más allá del producto está fuera de lugar.

Basta mirar el trabajo del diseñador mexicano Ricardo Seco. En 2016 y 2017, en un contexto marcado por el discurso antimigrante de Donald Trump, presentó su colección Juntos/Together, con prendas que llevaban mensajes como Proud Immigrant y «Juntos, ¡basta ya!». Seco utilizó la ropa para hablar de identidad mexicana, migración y de las barreras que separan a las comunidades. Su propuesta no resolvía el problema migratorio, pero tampoco pretendía hacerlo: buscaba llevar esa conversación a un espacio donde quizá algunos no esperaban encontrarla.

Y eso es precisamente lo interesante. Una colección no necesita cambiar una ley para tener un propósito; puede cuestionar una narrativa, hacer visible una experiencia o recordarnos que detrás de una conversación política existen personas. La moda tiene esa posibilidad porque llega a través de algo cotidiano: lo que elegimos ponernos y lo que decidimos comunicar con ello.

Ricardo Seco. Foto de la WEB.

 

Cuando una colaboración es algo más que un mensaje

En junio de 2025, la marca de streetwear Born X Raised colaboró con Zack de la Rocha, vocalista de Rage Against the Machine, en una iniciativa contra las redadas migratorias de ICE en Los Ángeles. Lanzaron prendas con mensajes como Protect Los Angeles y Fight for those who can't, y el 100 % de las ganancias se destinó a CHIRLA, una organización que brinda apoyo a comunidades inmigrantes.

Aquí hay una diferencia importante entre imprimir una consigna en una camiseta y utilizar una colección para apoyar una causa. El mensaje no se quedó en la fotografía de campaña: la iniciativa también canalizó recursos hacia una organización que trabaja con personas afectadas por las políticas migratorias.

Otro caso más reciente nos lleva a Palestina. En agosto de 2026, Olivia Rodrigo apareció con un vestido diseñado por Nöl Collective durante la presentación de su festival Daisy Chain Fields. La firma palestina, con sede en Ramala, trabaja con talleres familiares, cooperativas de mujeres y artesanas que mantienen vivas técnicas tradicionales como el tatreez, el bordado palestino. El vestido incorporaba bordados tradicionales que pusieron el foco sobre una marca que atravesaba un momento crítico por las dificultades para mantener su producción debido a las restricciones y los obstáculos impuestos en el contexto de la ocupación israelí. La exposición que recibió a través de Rodrigo representó un impulso significativo para el proyecto.

Lo interesante no es que una celebridad se ponga un vestido y automáticamente cambie el mundo. Es que una simple elección puede dirigir la atención hacia una comunidad, una tradición y una industria que enfrenta condiciones difíciles para seguir trabajando. En este caso, la moda se convirtió en una puerta de entrada para conocer una historia que va mucho más allá de la prenda.

Los tres ejemplos son diferentes, pero comparten algo: utilizaron la ropa para comunicar una postura o dar visibilidad a una realidad. No todos los proyectos tienen que seguir ese camino, pero demuestran que la moda puede tener un papel dentro de conversaciones que normalmente parecen reservadas para otros espacios.

Olivia Rodrigo. Foto de Instagram.

 

Entre la conciencia y el oportunismo

Claro que tampoco se trata de celebrar cualquier colección que estampe una consigna en una camiseta. Si algo puede hacer daño es convertir el sufrimiento ajeno en otra tendencia que dura lo mismo que un drop. Las marcas tienen que hacerse preguntas incómodas: ¿quién se beneficia de esta colaboración?, ¿las personas representadas participan en las decisiones?, ¿el mensaje tiene relación con lo que la marca hace o solamente con lo que quiere vender?

No es lo mismo colaborar con una comunidad, reconocer su trabajo y compartir los beneficios que utilizar sus símbolos porque están generando conversación. Tampoco es lo mismo apoyar una iniciativa concreta que aprovechar una crisis para construir una imagen de marca comprometida. La diferencia está en las acciones, la transparencia y la coherencia.

Por eso tampoco creo que debamos exigir una postura pública sobre cada conflicto a todo artista, diseñador o marca. Nadie puede hablar con profundidad de absolutamente todo, así como no pronunciarse sobre un tema específico tampoco es sinónimo de indiferencia. Pero una cosa es reconocer esos límites y otra convertir el silencio en una regla que impida a esta disciplina intervenir en la conversación pública.

En México tenemos demasiadas razones para entenderlo. Las familias que buscan a sus desaparecidos, las comunidades que exigen agua limpia o las víctimas de feminicidio. Y aunque estas realidades no necesitan que una marca salga al rescate, sí importa que sus historias no desaparezcan de la conversación. Si el streetwear tiene la capacidad de acercarlas y visibilizarlas desde el respeto, vale la pena preguntarse por qué no habría de hacerlo.

Someone Somewhere. Foto de la Web. 

 

La mayor rebelión es seguir creando

Como he dicho, no espero que cada diseñador o marca se convierta en activista, ni que cada colección tenga que convertirse en un manifiesto. Pero sí creo que la música, el arte y, en este caso específico, el streetwear tienen la capacidad de preservar identidades, amplificar voces ignoradas y abrir conversaciones que no deberían quedarse fuera de los espacios creativos.

Rage Against the Machine lo resumió en Guerrilla Radio: "It has to start somewhere, it has to start sometime". A veces, ese comienzo está en una canción; otras, en una camiseta. No importa de dónde venga la expresión, lo importante es el mensaje.

La moda no tiene que salvar al mundo de problemas que no inició, pero tampoco puede quedarse callada y mirar a otro lado, pretendiendo que no existe en el mismo espacio.

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