¿El mexicano solo puede crear si hace algo mexicano? Parece una pregunta absurda, pero basta con echarle un ojo a algunas de las colaboraciones que las grandes marcas hacen con proyectos locales para encontrar un patrón: cuando una marca internacional se acerca a México, casi siempre parece existir la necesidad de poner nuestra identidad cultural como sello principal. Luchadores, Día de Muertos, alebrijes, xoloitzcuintles, colores vibrantes y referencias prehispánicas. Como si México no conociera otro idioma creativo.
Y ojo, no tengo nada en contra de utilizar estos elementos. Son parte de nuestra historia y, cuando se trabajan con intención, pueden dar resultados extraordinarios. El problema comienza cuando dejan de ser una posibilidad creativa para convertirse en un requisito.
Un Superstar que me hizo pensar en algo más grande
Hace poco, adidas presentó ORIGEN, su colaboración con LUST México para intervenir el Superstar, inspirada en el maíz y su proceso de transformación. El resultado está bastante chido y, si no conoces el storytelling, el par sigue funcionando; no está atado a su historia. Pero cuando la conoces, puede que digas: «Ah, qué bueno», o quizás, como yo, te preguntes: ¿por qué pareciera que en cada collab necesitamos dejar plasmadas nuestras raíces?
No estoy cuestionando el trabajo de LUST ni diciendo que debieron hacer otra cosa. El problema es más bien la expectativa que parece acompañar este tipo de encuentros: México tiene que hablar de México, incluso cuando podría hablar de cualquier otra cosa.
Basta con mirar lo que sucede fuera del territorio para entender que hay otras maneras de construir una colaboración. UNheardof y adidas lanzaron los Piggy Runners, un proyecto que convirtió el apodo Pork Chop, que recibió su fundador mientras crecía, en una historia de resiliencia y autoaceptación. Por otro lado, Nike SB colaboró con el skater escocés John Rattray en los Why So Sad?, utilizando el skateboarding para generar conversaciones sobre salud mental.
Dos proyectos con intenciones distintas, pero con algo en común: ninguno necesitó convertir su nacionalidad en el argumento principal. Una colaboración puede partir de una experiencia personal, una conversación necesaria o una idea que merece explorarse. La moda puede ser mucho más que un lienzo para representar una cultura.
Hay más de una forma de crear siendo mexa
Probablemente parezco disco rayado hablando de ellos, pero los Hermanos Koumori han logrado despegarse por completo de esta etiqueta. Su trabajo con adidas demuestra que una marca nacida en México puede construir un lenguaje propio y destacar en el mercado internacional sin recurrir a los símbolos más reconocibles del país.
Su propuesta combina diseño, funcionalidad y una visión estética propia que se sostiene por sí misma. Siendo fieles a su filosofía, «Run with the Mind», su última cápsula gira en torno a la conexión, el potencial, la experiencia y la transformación que ocurre entre el maestro y el alumno, expresando toda esta evolución a través del movimiento del running. No necesitaron dejar de ser mexicanos para hablarle al mundo, pero tampoco tuvieron que caer en el cliché mexicano para darle sentido a su colección.
No creo que en México falten ideas, sino que muchas veces falta atrevernos a ejecutarlas. Apostar por símbolos reconocibles facilita la comunicación y la venta, pero si siempre hacemos lo que sabemos que funciona, ¿en qué momento vamos a deshacernos de la etiqueta y crear algo nuevo?
No tenemos que demostrar de dónde venimos
Al final, vale la pena preguntarnos: ¿algo es mexicano porque lo hace un mexicano o porque habla de México?
Nuestra identidad no tiene una sola forma de expresarse. Podemos inspirarnos en cualquier parte del mundo sin que eso nos convierta en menos mexicanos.
Y es que muchos crecimos escuchando música de otras partes, consumiendo películas de otros países, usando sneakers diseñados en Alemania y vistiendo marcas gringas. ¿Por qué todas esas influencias tendrían que desaparecer cuando nos sentamos a crear? Si otras nacionalidades pueden explorar libremente sus gustos e intereses, ¿por qué nosotros tendríamos que justificarlos?
No tenemos que dejar de celebrar nuestras raíces, pero tampoco convertirlas en una obligación. Ser mexicano no debería limitar nuestras aspiraciones. Necesitamos la libertad de crear sin que nuestro origen decida por nosotros.