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Durante años, la industria global nos miró con paternalismo: les interesaba México solo si venía envuelto en papel picado, calaveras o bordados folclóricos. La narrativa tradicional nos vendió que, para que un diseñador local la armara, tenía que ser validado por “el buen gusto” extranjero.

Pero la escena contemporánea ya no pide permiso ni busca aprobación afuera; más bien, se la gana. Hay una generación de creativos que entiende perfectamente que nuestra identidad no es una monografía de papelería: es arquitectura, es el ritmo de la comida corrida, es la gráfica tatuada en las fachadas, es sofisticación textil y es pura narrativa visual. En un ecosistema saturado de logotipos vacíos, estas marcas y creadores no destacan por coincidencia: destacan porque le dieron sustancia al mapa nacional.

H. Koumori . Foto de la web

 

Hermanos Koumori: el intelectualismo del movimiento

Alex León y Alex Sandler construyeron un universo donde la indumentaria no se viste, se habita. Mientras la mayoría de las marcas de streetwear se quedan atrapadas en la fórmula fácil de estampar gráficos violentos sobre playeras pesadas, Koumori decidió evolucionar: abandonaron la vía que conocían para meterse de lleno con el atletismo y el running.

Su verdadero mérito no fue solo llegar a los aparadores de adidas, sino lograr que una marca mexicana dicte cómo se piensa la indumentaria deportiva de alto nivel: sobria, filosófica y pensada para durar.

Tony delfino. foto de la web

 

Tony Delfino: la memoria gráfica del paisaje urbano

Antes de que existiera el boom del streetwear en el país, Smithe, Dhear y Mike ya estaban decodificando el ADN visual de la capital. Tony Delfino no cae en la trampa del cliché nacional; toma la cotidianidad de las calles como inspiración y la transforma en piezas de colección.

Su peso real en la escena radica en que educaron al ojo local: nos enseñaron a valorar el dibujo a mano y el oficio del ilustrador. Lo suyo con Vans, New Era, Levi's o adidas no es una palmadita en la espalda: es el reconocimiento internacional a los verdaderos cronistas visuales del día a día en México.

Mauro Garfias.  foto de Street Art latam

 

Mauro Garfias & 12crew: la alta costura del deconstructivismo

Lo de Mauro Garfias es una declaración de guerra al consumo desechable. Desde la trinchera de 12crew, Garfias no dibuja bocetos para mandar a maquilar en serie; interviene, desarma y reconstruye.

Su dominio de la sastrería y el upcycling ubica a su propuesta en una categoría técnica que muy pocos creativos en Latinoamérica pueden sostener. Este rigor se hizo evidente en la colección NEMI, donde Garfias desarrolló desde la silueta que unió a la escena local en una alianza histórica entre Laced Up, Los de los Tenis, Pleser Lab y la marca española Sneep Crew.

Y si a eso le sumas lo que hizo con Lacoste, Garfias confirma que el upcycling y el diseño independiente mexicano no son un experimento escolar, sino que pueden ser el medio para reinterpretar a los gigantes del lujo global.

Rodrigo roji. foto de el universal

 

Rodrigo Roji: el arte como plataforma multidisciplinaria

Roji opera sin las ataduras del circuito tradicional del arte. Su transición del tatuaje a la pintura, la escultura de art toys y la moda demuestra una versatilidad brutal.

Lo que hace fascinante su trabajo es cómo plasma un imaginario visual denso y cargado de simbolismo en objetos sin perder un solo gramo de su esencia. Reimaginó la identidad de los Diablos Rojos del México de la mano de New Era y cruzó caminos con Vans para vestir su colección “Lucha” con el clásico checkerboard.

Roji prueba que el diseño contemporáneo en México no necesita pedir permiso para hacerse presente en el arte y el coleccionismo global.

pálida. foto de la web 

 

Redefinamos la escena mexicana

La lista no termina aquí, pero esta columna se haría interminable si habláramos también de Overrated, Pálida, Sacrifice, Machina, Prayers, Baez, etc. Hay decenas de talleres, fotógrafos, diseñadores, músicos y creativos empujando los límites en cada rincón del país, y esa es una gran noticia.

No se trata de consumir lo hecho en México por mera lástima o compromiso patriótico; se trata de apoyar estos proyectos porque su propuesta técnica y conceptual ha demostrado que no tienen nada que envidiarle a proyectos ajenos.

Por eso, este 16 de septiembre propongo que resignifiquemos esa frase cansada que el tío chistoso repite cada año: “Vengan vestidos de mexicanos”. Que “vestirse de mexicano” deje de ser un disfraz de una sola noche y se convierta en el hábito diario de invertir, aportar y darle plataforma al talento que está transformando la escena nacional.

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